
Contemplar La Luna, las estrellas y el cielo nocturno. Viendo pasar la noche, aquí, en esta pradera, oscurecida por la ausencia del Sol. Es la noche en la que el cometa Yakutake pasará después de muchos años sin hacerlo, una oportunidad única de verlo. Miro el reloj, es casi la hora. Mientras me da por pensar. Pienso que es un hecho precioso poder verlo, pero sería muchísimo más si estuviera él. Él, esa personita, que me hace sonreir cada mañana, cada momento, minuto, segundo, todo el día. Quiero un beso de ti, lento, suave, romántico, quiero que esto empiece pero que no tenga ningún final, ni bueno ni malo, simplemente que no termine. Vuelvo a mirar el reloj, apenas unos minutos. Espero impaciente. Tres, dos, uno, pasó. Es emocionante, lo he visto.
- Hola. Ha sido precioso.
Me doy la vuelta, una sombra, un rostro, él.
- Tú… - Me quedo sin palabras.
- ¿Puedo o molesto?
- Claro que puedes.
Sonrisas, miradas de complicidad, gestos y sobre todo compartiendo un mismo sentimiento. De repente me besas, tal y como deseaba. Un beso de ti, lento, suave, romántico, indescriptible.
La noche, perfecta; el lugar, el mejor; él: insuperable. Mi felicidad sube a más allá del cielo. A tres metros, cuatro, cinco, diez y mil metros por encima del cielo, no lo rozo, lo miro desde arriba.
- Hola. Ha sido precioso.
Me doy la vuelta, una sombra, un rostro, él.
- Tú… - Me quedo sin palabras.
- ¿Puedo o molesto?
- Claro que puedes.
Sonrisas, miradas de complicidad, gestos y sobre todo compartiendo un mismo sentimiento. De repente me besas, tal y como deseaba. Un beso de ti, lento, suave, romántico, indescriptible.
La noche, perfecta; el lugar, el mejor; él: insuperable. Mi felicidad sube a más allá del cielo. A tres metros, cuatro, cinco, diez y mil metros por encima del cielo, no lo rozo, lo miro desde arriba.
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