
-¡Qué noche más bella!
-Si, sobretodo porque estoy contigo, eres la perfección de todo.
Paseando por la playa, descalzos, a la luz de una luna llena preciosa, bajo dos o tres palmeras, escuchando el ruido de las olas romper en la orilla, el escuchar de tu voz aterciopelada, con el resplandor de las estrellas. Todo era tan precioso, perfecto.
El silencio se hizo entre los dos, pero era un silencio encantador, nada angustioso. Era un cuento de hadas. Al fin y al cabo era estar con él, ¿qué mejor?
-Te hecho una carrera, apuesto que te gano - pero ya estaba corriendo cuando lo dijo.
-Vale, te ganaré.
-La meta es aquella palmera tan alta - dijo riendose de nosotros mismo
-De acuerdo, pero ¿qué ganaré cuando gane?
-Si ganas.
-Por supuesto
-Empate- dijimos a dúo
Si, era empate, cuando por fin llegué a su altura, el se abalanzó sobre mí, rodamos juntos, llenandonos de esa arena suave y aún cálida, no me importó, más bien me encanto.
-Y ahora, ¿cuál es mi premio? - pregunté inoncente
-¿Cuál quieres?
-Algo que nos guste a los dos.
Aún estabamos tirados en la arena, él ami lado, pero un poco por encima de mi.
-¿Te puedo besar? - preguntó como si nunca hubiese roto un plato
-Tal vez no sepa hacerlo, tengo miedo a decepcionarte-
Entonces se acercaron lentamente hacia a mi sus labios, ya casi los mios le rozaban los suyos.
Riiiiiiin!!!!
¡No. no puede ser...! - pensé.
Todo había sido un dulce sueño, y el -Riiiiiiin!!!!- que escuché fue el dichoso despertador. Ojalá el sueño durara y durara hasta el fin de mis días, con tu perfección.
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